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Junio 6, 2007

CÓMO VIVIR EN MEDIO DE APAGONES ELECTRICOS

 Por: Orlando Cárcamo

¿Cómo sería la vida humana sin la electricidad? En Riohacha nos lo hemos preguntado y lo hemos vivido en carne propia. El más reciente apagón de noviembre de 2005 nos obligó a dormir durante tres noches bajo la más espesa oscuridad y bajo las peores incomodidades.


 

 

Este hecho presenta una buena oportunidad para reflexionar acerca de la excesiva dependencia que el hombre de nuestra época tiene con la electricidad. La electricidad ha elevado nuestra calidad de vida a niveles nunca antes sospechados por el hombre. Sin embargo, el lado negativo de esta influencia es la excesiva dependencia. Le hemos dejado a la tecnología, con su cantidad de aparatos para todo, el control de nuestro tiempo, sentimientos y hasta el dominio de nuestro propio cuerpo. No podemos vivir sin un ventilador que nos refresque constantemente en espacios cerrados y abiertos, tampoco podemos dormir sin tener uno al pie de la cama o hamaca. Otros no pueden vivir sin su aire acondicionado en el auto, en la oficina, en su casa y por supuesto en su habitación.


Cuando ocurre uno de estos constantes apagones nocturnos, con frecuencia decimos que hemos tenido una “noche de perros”. Significa que no pudimos dormir bien por incomodidades como el calor, el sudor, la oscuridad que nos atemoriza y el ataque despiadado de los mosquitos.

 

Debemos recobrar los conocimientos que nuestros abuelos, en zonas rurales, desarrollaron para defenderse del calor y de los insectos voladores. Comencemos por recobrar una arquitectura de clima cálido en donde las casas se construyan para que circule libremente el aire fresco del exterior. Casas espaciosas y de materiales apropiados para la baja reflexión del calor. Por algo las casas coloniales de Cartagena, Santa Marta y Riohacha tienen cielo rasos altos y de madera, cuartos espaciosos y techo  de tejas. En estas casas a medio día se siente cómo baja la temperatura. Al contrario, al entrar en una de las casas que se construyen en la actualidad se nota que sube la temperatura. La razón: espacios reducidos y con poca ventilación natural, cielos rasos (cuando los hay) que usted puede tocar con la punta de sus dedos, y para colmo, el techo de “Eternit” o asbesto que irradia hacia abajo todo el calor que recibe del sol. Tomemos también elementos de la arquitectura habitacional de los indígenas wayuú nativos de La Guajira. Los ranchos de techo de yotojoro o palma, sin paredes, son una buena alternativa para dormir o descansar en hamaca sin el acoso del insoportable calor.

 

¿Qué hacer con los zancudos? Hay que volver a utilizar los románticos toldos para que los insectos nos dejen dormir. Si los toldos son incómodos entonces protejamos nuestras viviendas con malla fina en la ventanas y puertas y… problema arreglado. Bueno, un buen repelente nunca está demás.

 

¿Y cómo suplir la ausencia de la televisión? Ese sentimiento de soledad y de que algo nos falta, producido por la falta de televisión, lo podemos vencer fácilmente con la buena conversación. Aprovechemos el apagón para hablar con nuestros hijos y demás miembros de la familia. Estas conversaciones en familia o con amigos son efectivas para reencontrarnos con nuestros seres queridos porque la TV se ha convertido en un obstáculo para la buena interacción familiar. He tenido la oportunidad de pasar varios días en casa de un amigo que no tiene televisores en su casa (no precisamente por falta de dinero) y he experimentado el efecto que la conversación tiene en la unidad familiar y la integración de la familia con amigos. Sus niñas, su esposa, incluso el bebé, comparten horas de sana conversación que integra al visitante.

 

Si realizamos el ejercicio de reflexión que aquí se sugiere de seguro que llegaremos a un conocimiento importante para hacer nuestra vida menos dependiente de la electricidad o al menos más tolerable la ausencia del fluido eléctrico.

Mayo 15, 2007

LOS NIÑOS Y LA DEMOCRACIA

Por: Orlando Cárcamo Berrío 

(Publicaco en el diario El Informador  el dia 06 de enero de 2008. Para leerlo en ese periódico, dé clic AQUÍ)

Cierto día fui a la escuela de mis niños, Jesús Orlando y Daniela, a llevarle unos afiches a Daniela para promocionar su candidatura a personera de la escuela. Una escuela privada que está al alcance la capacidad de pago de un padre profesor. En la entrada de la escuela pude ver cantidades de afiches multicolor al estilo de los afiches de candidatos a las corporaciones públicas. Los que yo le había diseñado a Daniela eran a blanco y negro, en hojas tamaño carta, con una foto graciosa de la niña y los datos necesarios. Lamenté no haber reemplazado mi dañada impresora Photosmart 1115 por otra a colores. La impresión Laser de los afiches que yo le llevaba, de verdad que era superada ampliamente por el tamaño y el colorido de los afiches de otros niños.

Estando en el patio del colegio, a la hora del recreo, vi que un grupo de niños perseguía a otro chico que corría con una bolsa grande. el niño repartía dulces a sus compañeros. Uno de los niños le dio a mi hija uno de los dulces recibidos. Con sorpresa noté que el caramelo traía una etiqueta pegada la cual invitaba a votar por el mismo niño que repartía los dulces.

Dialogando con las amiguitas que formaban el grupo de apoyo de Danielita, una de ellas me advirtió que mi niña iba a perder las elecciones porque no había repartido ningún dulce ni regalo. Fue un momento duro para mi puesto que a vuelo de pájaro pude ver unos trecientos niños que multiplicados por el valor de cada dulce o regalo daba como resultado una suma importante de dinero que yo estaba necesitando para otros gastos. Mi preocupación aumentó aún más cuando el pequeño Jesús Orlando, en ese entonces de cinco años, me dijo que el no quería votar por su hermanita sino por una niña que le había regalado un paquete de "chitos". Definitivamente, me dije a mi mismo, no puedo enseñar a mi hija a comprar el voto de los electores. No voy a hacer ninguna inversión en regalos, pensé. Luego, se me acercó un hombre que había sido mi alumno en la universidad y me dijo que su hijo también estaba aspirando. Lo llamó y me lo presentó. Era el mismo niño que corría repartiendo dulces hacía pocos minutos.

A los días, en una reunión de padres de familia, expuse el problema a otros padres y madres y me enteré de que no solamente reparten dulces los niños aspirantes. Sus padres suelen organizar fiestas, paseos, integraciones y toda suerte de reuniones sociales para promocionar la candidatura de sus hijos. Esta es la situación no solamente de la escuela de Jesús Orlando y Daniela sino de otras escuelas más.

Esta situación me preocupa sobremanera ya que con esas actitudes y practicas, los niños se preparan desde muy temprano a comprar el voto a los electores mediante dádivas. Esta práctica enseña desde muy temprano a los niños electores a vender el voto. Igualmente les inculca que para votar hay que obtener algún tipo de prebenda.

Se puede apreciar entonces que la escuela, antes de ser una institución que promocione el cambio en las malas costumbres sociales y políticas, se constituye en un reproductor o promocionador de los antivalores que caracterizan nuestro sistema político

La sociedad tiene que reaccionar ante estos vicios que se están dando en las escuelas ya que tienden a reproducir el sistema de corrupción política del estado. Debemos reaccionar con fuerza ya que la escuela está llamada a formar a los alumnos en los valores democráticos y a superar, a través de sus procesos, las tendencias negativas de la sociedad actual.