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Marzo 14, 2008

LOS NIÑOS Y LOS JUEGOS ELECTRÓNICOS VIOLENTOS

Por: Orlando Cárcamo

(Publicado en El Informador el día 17 de marzo de 2008. Para leer este artículo en ese diario, dé clic AQUÍ).

Estaba de visita en casa de un amigo y observaba a sus hijos jugar en el ordenador. Eran dos niños, uno de trece años y otro de siete. Era el turno del niño menor y jugaba "Hitman 2: Silent Assassin" (Asesino silencioso). El jugador tenía que realizar la misión de entrar a un bunker y matar al alto militar ruso. Antes de llegar hasta el militar, debía vencer a la guardia. Entonces, el niño eligió un arma con silenciador y se aproximó al bunker. Al acecho, mató a un guardia. Por una pierna lo arrastró hasta un lugar apartado dejando un rastro rojo de sangre. Allí le quitó el uniforme y se lo colocó él para pasar desapercibido y sorprender a los demás guardias.

Al rato, me llamaron nuevamente los chicos para mostrarme otro juego, Delta Force. Esta vez el jugador era parte de un escuadrón de guerra norteamericano que a bordo de un helicóptero BlackHawk debía atacar una aldea de rebeldes africanos. Primero, en sobrevuelo, la aldea es ametrallada. Luego, bajan los soldados y comienza el combate. Al aproximarse los soldados a los ranchos, personas desarmadas de raza negra salen despavoridas a buscar refugio. Con una ráfaga de su fusil, el niño soldado los ametralló a todos: madre, padre y niños. No pude evitar regañar amablemente al hijo ajeno diciéndole que el derecho internacional humanitario plantea que en todo conflicto armado no se debe atentar contra la vida de la población civil. El chico al parecer me hizo caso. No disparó más contra los negros desarmados. Pero para mi sorpresa, lanzó una bomba con la cual voló toda la aldea.

Aparentemente los hechos narrados arriba no tienen nada de malo. Son solo juegos electrónicos. Sin embargo, realmente ofrecen un gran peligro para los niños y su vida de jóvenes adultos y adultos mayores sobre todo en un país como el nuestro donde, según la canción y los sucesos diarios, “la vida no vale nada”.

El peligro real que estos juegos encierran para los niños es que les inculcan subliminalmente el desprecio por la vida ajena y el culto a las armas de fuego. Les inculcan altas dosis de intolerancia y les presentan el asesinato como solución de los problemas sociales.

Según Jean Piaget, los niños hasta la edad de los 16 años pasan por importantes etapas de desarrollo fisiológico, en las cuales construyen su sistema de valores, su cognición y su visión de mundo. Es precisamente en los primeros años en donde se determina lo que un niño será cuando adulto. Existe un alto riesgo de que los niños que regularmente disfrutan de los juegos electrónicos de guerra, desarrollen habilidades y estrategias para resolver de forma violenta sus problemas cuando sean adultos.

Lo ideal sería que a los niños no se les permitiera jugar juegos electrónicos violentos. No obstante, resulta más conveniente que los padres o representantes dialoguen con los niños sobre la solución dialogada de los conflictos y el respeto a la vida de los demás en el marco de un país democrático como el nuestro. Este diálogo con los niños debe ser un propósito frecuente en el seno de cada familia para la construcción de una sociedad colombiana tolerante y en paz.

Marzo 13, 2008

LA EDUCACIÓN Y EL CUIDADO DEL MEDIO AMBIENTE

Por: Orlando Cárcamo

(Artículo publicado en El Informador, el día 11 de febrero de 2008. Para leerlo, dé clic AQUI. )

Me contó un amigo que una vez viajaba en un bus intermunicipal y al pasar por las instalaciones de una base militar, una señora que venía degustando de su almuerzo, lanzó el empaque desechable al lado de la carretera. No alcanzaron a recorrer trescientos metros cuando un soldado mandó a parar el bus, subió y le recordó a los pasajeros la necesidad de cuidar al medio ambiente y mantener limpio nuestro país. De paso, no dejó que el bus arrancara hasta que recogieran el empaque desechable. La señora, apenada, se bajó, recogió su empaque, regresó y el bus continuó su marcha.

Hechos comunes en nuestras vías: desde buses y automóviles se lanza a los lados de las carreteras toda suerte de empaques sobre todo botellas, latas de cerveza y gaseosas. En una oportunidad viajaba yo con algunos colegas de muy alto nivel profesional y alguien se encargó de brindar cervezas. Después de unas diez cervezas, el chofer cuadró el carro al lado de la vía y pidió las botellas para botarlas. Le dije que no se debía arrojar basuras en la vía y no le dí mis dos botellas. Arrojó las otras ocho y me dijo que mejor me volviera reciclador. La intención del contaminador fue insultarme, pero yo prefiero reciclar y no contaminar. Cuando llegamos a un peaje, me bajé y arrojé las botellas en una caneca.

Causa estupor ir a nuestras playas y parques naturales y ver toda suerte de desechos: botellas de gaseosa, bolsas plásticas, pañales desechables, vasos plásticos, papel y todo lo que se bota. Y lo más triste de todo es que la mayoría de nuestros turistas y usuarios de nuestras playas y lugares públicos tienen por lo menos educación secundaria o profesional.

Si medimos el éxito de la educación por el sencillo acto de no tirar la basura en donde no se debe, concluimos que nuestro sistema educativo ha fracasado. O si medimos el grado de alfabetización de las personas por el sencillo acto de no tirar basura en las vias o sitios públicos, concluimos que vivimos en medio de analfabetas.

El daño ecológico que causan desechos como el plástico y el vidrio es incalculable. La ciencia plantea que el plástico demora de 400 a 500 años en degradarse y cuando esto sucede, las particulas de plástico son literalmente un veneno para los seres vivos. El vidrio demora más de 4.000 años en degradarse.

¿Qué hacer entonces? Conceptualicemos lo público como algo que también nos pertenece. Si mantenemos limpia nuestra casa, nuestro carro, también mantengamos limpias nuestras playas, parques, calles y carreteras. Cuando viajemos, sea en automovil o en bus, llevemos bolsas y echemos allí la basura. Si no tenemos una bolsa, dejemos la basura en el vehículo hasta que pasemos por algún lugar con caneca. Cuando vayamos a una playa o parque natural, llevemos una bolsa y acumulemos allí la basura nuestra y la de nuestros compañeros. Cuando regresemos, traigamos con nosotros esa bolsa y dejemosla en el lugar donde se deja la basura.

Enero 28, 2008

PRUDENCIA Y TOLERANCIA EN LAS VIAS

Por: Orlando Cárcamo

(Artículo publicado en El Informador, el día 02 de enero de 2008. Para leerlo, dé clic )

Había una cola de carros a la salida de una ciudad. Un motociclista, en su moto nueva, avanzaba a toda velocidad adelantando carros en zigzag con la temeridad que caracteriza a muchos de ellos. Unos metros antes de un puente, intentó adelantar por la izquierda a una tractomula pero no pudo porque venían carros de frente. Luego, vio un claro por la derecha, entre el camión y la baranda del puente y, con cierta agresividad y velocidad, entró por esa parte. Los testigos dicen que después de haber avanzado hasta más o menos la mitad del camión, el ángulo entre el camión y la baranda se cerró más, la moto rozó la baranda y el impacto arrojó al motociclista al piso justo delante de las llantas traseras del camión. El conductor del camión fue alertado luego por otros conductores acerca del accidente que sus llantas traseras acaban de protagonizar.

Llevé la narración de este accidente a mi salón de clases para reflexionar sobre los valores de  prudencia y tolerancia en la vida diaria porque uno de mis alumnos era mototaxista y entraba al salón de clases con un casco bajo el brazo. Naturalmente no quería que mi alumno tuviera un accidente por conducir de forma imprudente o intolerante.

Por tolerancia se entiende el respeto hacia las acciones o prácticas de lo demás aun cuando no nos agraden por su mal gusto, falta de educación o ignorancia. Como la violencia engendra más violencia, la tolerancia nos indica que los conflictos se solucionan de forma dialogada cuando realmente tienen importancia. Si en la calle algún conductor va de prisa, lo mejor es darle la vía. Cuando alguien, por ejemplo, viola una regla de tránsito, si somos tolerantes lo normal es que no digamos nada. ¿Qué podemos hacer? Si somos intolerantes, entonces le lanzamos insultos –que es lo que siempre se hace la gente mal educada-, lo cual puede generar  problemas de agresiones y peleas en las vías. Dice el Libro de los Valores (El  Tiempo, 2005): “Una gran virtud es tolerar en los demás lo que uno debe prohibirse a sí mismo”.

La prudencia es un valor de mucha importancia para quienes conducen moto o cualquier vehículo. Al respecto, dice el mismo libro: “ Una persona prudente se caracteriza por su cautela al actuar, la cual es resultado del alto valor que le da a su propia vida, a la de los demás y en general a todas las cosas que vale la pena proteger.” Entonces, un conductor prudente prefiere esperar unos segundos o minutos en una cola en lugar de tomar decisiones imprudentes que ponen en peligro su propia vida y la de los demás; prefiere bajar la velocidad en lugar de adelantar a un camión mientras se toma una curva o se sube una cuesta; prefiere manejar dentro de los límites de velocidad recomendados en carretera, etc.

Un par de semanas después de mi diálogo sobre el tema, entró mi alumno mototaxista con su casco bajo el brazo, el rostro hinchado como un balón, con cicatrices todavía sin sanar y un paso lento que reflejaba dolor. Le pregunté si fue intolerante o imprudente. Me respondió que él fue prudente pero fue chocado por un mototaxista imprudente.