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Marzo 20, 2008

LA RELACIÓN ENTRE LOS APELLIDOS Y LAS PERSONAS

Por: Orlando Cárcamo Berrio

(Publicado en El Informador en dia 25 de marzo de 2008. Para leer este artículo en ese diario, dé clic AQUÍ).

En una ocasión en que visitaba a una familia amiga, escuché a los niños hablar sobre cosas de su escuela y referirse, entre risas, a su maestro como el profesor vicioso que era adicto a la heroína. Les reproché ese tratamiento a su profesor y los invité a respetarlo. Ellos me replicaron que no le estaban faltando al respeto ya que Vicioso era su apellido y Heroína,  su esposa.

Esa confusión semántica en la conversación con los chicos, me llevó a pensar un poco sobre el origen de los apellidos y la relación de las palabras con las personas y las cosas. En la Grecia de los sofistas, había quienes debatían sobre la relación natural y directa de las palabras con las cosas; otros sustentaban, que esta relación era solamente arbitraria, por convención, tal como lo sustentan los actuales científicos del lenguaje. Hoy en día muchos debemos alegrarnos de que los convencionalistas hubieran ganado ese debate. ¿Qué sería de nosotros si nuestros nombres o apellidos determinaran los rasgos de nuestra personalidad, nuestro aspecto físico, nuestros valores y nuestro papel en contexto político y social? Solo pensar en esta predeterminación nos provoca risa.

No obstante, la realidad de nuestros apellidos no suele ser tan lógica ni generosa con nosotros. Imagínese usted a un señor que es apellido Cabello pero es calvo; un señor de apellido Calvo que tiene mucho cabello; un peluquero de apellido Peinado; un policía de apellido Ladrón; un cura de apellido Guerra; un soldado de apellido Paz; a un señor de raza negra de apellido Blanco; un señor presidente de apellido Zapatero; un zapatero de apellido Alcalde; un señor flaco de apellido Barriga; un señor gordo de apellido Delgado; un hombre feo de apellido Bello; una señora blanca de apellido Boca Negra; una señora que se llama Dolores, casada con el señor Cabeza: Dolores de Cabeza; entre otros muchos casos jocosos.

Otro es el caso de apellidos que de alguna caracterizan a quienes lo llevan: un panadero de apellido Paniagua; un portero de apellido Puerta; un gordo de apellido Barriga; un flaco de apellido Delgado; un ebanista de apellido Carpintero; un corredor de caballos de apellido Jinete; un cuidador de vacas de apellido Vaquero; un herrero de apellido Fierro.

Pareciera que muchos apellidos, en su génesis, hubieran sido asignados por una especie de tiranillo autoritario con una lógica irracional que quiso aprovechar la oportunidad para relacionar eternamente a las personas con su oficio o situación del momento. En esa visión mítica originaria, caben expresiones de este talante: “Como usted tiene una barriga prominente, su apellido será Barriga; usted arregla zapatos, su apellido será Zapatero; como usted es militar, su apellido será Soldado; como le gustan los niños, su apellido será Niño; usted ha hecho cosas malas, su apellido será Malo…”

Dado que no pudimos elegir nombres ni apellidos, fuimos registrados y bautizados siendo apenas bebés, ahora tenemos en Colombia la posibilidad de cambio. De acuerdo con el Decreto 999 de 1988, las notarías están autorizadas para realizar cambios en su registro civil lo cual no afecta su número de cédula el cual sigue siendo el mismo.

Finalmente, para seguir disfrutando del humor, les recomiendo leer en la Internet los chistes absurdos del profesor Van Dido.

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Enero 14, 2008

MEJOR CEDERÓN QUE CIDÍ

Con frecuencia me corrigen cuando digo “compré un devedé de juegos” o “me regalaron un cederrón de música clásica”. La corrección enfatiza la pronunciación correcta de esas palabras en inglés. Se me invita a pronunciar “dividí” las siglas DVD y “cidí”, las siglas CD. Mi respuesta es un poco irónica: “Entonces, conversemos en inglés”. Y continúo la conversación en inglés.

 

Los latinos, por el sincretismo racial que nos caracteriza, tenemos el corazón abierto a lo que viene del exterior sea ello cultural, lingüístico o tecnológico, al extremo de poner en riesgo nuestra propia identidad.

 

A muchos hispanohablantes les produce sensación de prestigio utilizar ciertas palabras y pronunciarlas como se pronuncian y escriben en inglés. Son numerosos los casos, especialmente las palabras relacionadas con las nuevas tecnologías: CD (“sidí”), DVD (“dividí”), VCD (“visidí”), entre otras. ¿Por qué se prefiere decir Video Beam (“video bim”) en lugar de proyector?

 

Los hablantes nativos de inglés no son tan generosos al pronunciar las palabras españolas. Pronuncian los nombres hispanos en la forma como leen las palabras de su idioma. Para pronunciar Los Angeles, dicen “los ányeles”; La Habana, “javana”; Panamá, “pánama”, etc. Para proteger la cultura y lengua de los Estado Unidos ha habido iniciativas legales en ese país tendientes a detener la expansión del español. En el estado de California en 1998, por voto popular ganó una propuesta legal, Proposición 227, para prohibir la enseñanza del español en las escuelas de ese estado fronterizo con México. Otro caso, la campaña titulada “English Only” o “Sólo inglés”, es responsable de numerosos despidos de latinos por el solo pecado de hablar español en el lugar de trabajo. Solamente en el 2004 se presentaron 155 casos de denuncias por atropellos contra hispanohablantes derivados de la aplicación de la política de “Sólo inglés”.

Nuestra lengua tiene todas las palabras correspondientes a las innovaciones tecnológicas y cuando no tiene equivalentes entonces provee los mecanismos lingüísticos para realizar la respectiva adaptación. La Real Academia Española, mediante el Diccionario Panhispánico de Dudas plantea que, en lugar de  CD-Rom, se debe decir y escribir cederrón,  disco compacto o sencillamente cedé (plural cedés); aunque se permite la palabra equivalente devedé, se puede en español escribir la sigla DVD y pronunciarse como deuvedé (en España) o devedé (en Latinoamérica); de igual forma, se puede escribir la sigla VCD y pronunciarla como vecedé.  La utilización en español de una palabra extrajera con la pronunciación y escritura de la lengua de origen –aun cuando existe su equivalente en castellano- es conocida como barbarismo. Son barbarismos: marketing, amateur, diskette, entre otros.

Finalmente, no se trata  de que los latinos reaccionemos a la influencia del inglés de igual forma que algunos funcionarios del gobierno de los Estados Unidos.  Se trata de que hablemos bien nuestra lengua española por respeto a nuestra tradición cultural y pronunciemos las palabras y nombres extranjeros con los recursos fonéticos y semánticos que nos brinda el español.

Diciembre 22, 2007

NO QUEME EL CEDERRON, GRÁBELO

 (Artículo publicado en El Informador, el día 02 de enero de 2008. Para leerlo, dé clic aquí)

 Una monja de una congregación me contó que la madre superiora pidió a una hermana que fuera a una librería y le comprara un disco compacto en blanco. La hermana fue a la papelería, compró el cederrón y lo llevó a la madre superiora. “Madre, aquí tiene el cidí que me encargó”, dijo la monja. “Colóquelo en el escritorio para luego quemarlo”, contestó la madre. La hermana, contrariada, le replicó: “Madre, ¿Por qué lo va a quemar si está nuevo?”.

 

Está muy de moda el uso del verbo “quemar” para indicar la acción que un usuario de ordenador personal ejecuta al pasar información a un cederrón o disco compacto. ¿De dónde se deriva el uso del verbo “quemar” en lugar del verbo grabar? Este sentido de “quemar” es la traducción del verbo inglés “burn” que en el contexto  de la informática significa grabar información en un disco compacto. Con la popularización de las grabadoras de cederrón para los ordenadores personales, entre los usuarios de PC se popularizó el uso de “burn” debido tal vez a que la grabación se hace aplicando un rayo laser sobre la superficie del disco compacto. Cuando el rayo laser impacta al disco, se produce mucho calor y el disco sale caliente al tacto. Es por este efecto físico que en inglés se usa el verbo “burn”, quemar, para indicar la acción de grabar información en un disco compacto.

 

En la jerga de las nuevas tecnologías hay quienes prefieren el uso  de “quemar” en lugar de nuestro verbo “grabar” por la tendencia a la moda y por  esa apertura de nosotros los latinos a todo lo que viene del mundo anglosajón. Este fenómeno semántico se conoce como calco semántico. Consiste en traducir la palabra extranjera a la lengua materna pero conservando el sentido de la palabra extranjera. De esa forma la palabra equivalente en la lengua materna adquiere un sentido que no posee originalmente.  Por ejemplo, la palabra española  “agresivo” es un calco lingüístico del inglés “aggressive” cuando significa “audaz, dinámico, emprendedor, enérgico”; de igual forma “quemar”, es un calco del inglés “burn” cuando tiene el sentido de grabar información en un medio magnético. En español, el sentido original del verbo quemar indica destrucción de la materia a través del fuego: “El campesino quemó el monte”; “Esta tarde quemaré la basura”. El Diccionario de la Real Academia Española registra 23 sentidos del verbo quemar y ninguno de éstos se refiere a la acción de grabar. En el mismo diccionario, el verbo grabar tiene el siguiente significado: “Captar y almacenar imágenes o sonidos por medio de un disco, una cinta magnética u otro procedimiento, de manera que se puedan reproducir.”

 

Para concluir, considero que debemos utilizar el verbo “grabar” en lugar de “quemar” debido a que el verbo español “grabar” se adapta bien a la nueva tecnología de grabación puesto que lo que se comunica con el verbo no es el cómo se graba (con calor o no) sino el hecho o acción básica de pasar información a un dispositivo de almacenamiento, sea cinta, disco flexible, rígido o compacto. Razón tenía la monja en protestar porque la madre superiora iba a quemar el cederrón.

Diciembre 13, 2007

LA MÚSICA Y SU INFLUENCIA LINGÜÍSTICA

La música influye ideológicamente en las personas. A través de ella se difunden en las masas comportamientos, creencias y actitudes frente al mundo y la vida, los cuales no siempre son los mejores. Buena parte de los antivalores de nuestra juventud se difunden sutilmente a través de la música de moda. Además de valores y comportamientos, la música contribuye también a influir lingüísticamente en quienes la escuchan. Las canciones de moda, tal vez por llegar a las personas a través de los medios masivos de comunicación, influyen en la forma de hablar, en los términos y expresiones que se usan. El ciudadano promedio considera a los medios masivos de comunicación como la radio y la televisión, modelos a imitar en cuestiones diversas como ciertas actitudes ante el mundo y el uso de la lengua española, tal vez por la complejidad tecnológica de estos medios manejan y su uso generalizado. Esta confianza de los ciudadanos en los mensajes que aparecen por los medios como la radio puede ayudar a difundir comportamientos lingüísticos no apropiados, alejados de los usos considerados adecuados en la lengua española. Recuérdese cómo Oscar de León, en su célebre canción, “Llorarás”, difundió –y todavía difunde- el uso de la expresión “darse de cuenta” la cual es incorrecta frente a “darse cuenta”, que es la expresión ampliamente aceptada. Además de la sobredimensionada importancia de los medios masivos de comunicación, lo que más contribuye a difundir los errores en el uso del español es la repetición constante de las canciones cuando éstas son éxitos del momento. Esto es lo que ha sucedido en la actualidad con algunas canciones representativas del vallenato de la nueva ola, las cuales han difundido el uso incorrecto de ciertas expresiones del español. Entre éstas tenemos el dequeismo y las incorrecciones en el uso de los verbos en el modo subjuntivo. La exitosa canción “La colegiala” contribuye a difundir un error en el uso del español cuando dice: “yo sé bien DE QUE tus padres a mi no me quieren porque soy cantante”. Este error es conocido como dequeísmo. Consiste en el uso inadecuado de la preposición DE antes de la conjunción relativa QUE cuando esta conjunción introduce una oración subordinada sustantiva como complemento del verbo de la oración principal. El verso correcto quedaría así: ““yo sé bien QUE tus padres a mi no me quieren porque soy cantante”. Aquí la conjunción relativa QUE tiene la función de introducir una oración subordinada que funciona como complemento directo de la inflexión verbal “sé”. Generalmente se acepta el uso de la preposición DE antes de QUE cuando antes de esa preposición aparece un sustantivo: “Tenía la sospecha DE QUE algo iba a salir mal” o “Lo agobiaba idea DE QUE podría perder las elecciones”. Otros errores frecuentes se presentan en las canciones “No aguanta” y “El estanquillo”. En el caso de “No aguanta”, se presenta una falta de concordancia en los tiempos verbales en el siguiente verso: “Te apuesto que si yo viviría borracho/Te dirían tu novio sí es un buen muchacho”. En este caso, la incorrección se presenta en el uso de la inflexión verbal “viviría” después del SI condicional. Para no hacer más extensa la explicación, digamos que después del condicional SI se utilizan verbos en pretérito imperfecto de subjuntivo, es decir verbos de las formas viviera o comiera. La forma correcta de este verso sería: “Te apuesto que si yo VIVIERA borracho/Te dirían tu novio sí es un buen muchacho”. La canción “El estanquillo” presenta un error de concordancia en el tiempo verbal cuando dice: “me siento el bolsillo lleno/ como si yo hago la plata”. En este verso se maneja mal el verbo después de la expresión comparativa “como si”. Después de esta frase siempre se utiliza un verbo en tiempo pretérito imperfecto del modo subjuntivo ya que este modo indica acciones no reales; es decir, verbos del tipo hiciera, viniera, corriera, etc. Al realizar la corrección, este verso quedaría de la siguiente manera: “me siento el bolsillo lleno/ como si yo HICIERA la plata”. Se puede creer que estos errores son debidos a la llamada “licencia poética” que permite a los escritores violar ciertas reglas en busca de la musicalidad del verso. No obstante, los casos aquí presentados no parecen ser una expresión de este recurso. Señores compositores y cantantes, conviene esmerarse en revisar los textos de sus canciones para no difundir masivamente usos inadecuados del español, dada la gran influencia que la música tiene en el comportamiento social y lingüístico de las personas.

Noviembre 4, 2007

¿SERÁ QUE EL DOCTOR SÍ ES DOCTOR?

En las instituciones públicas colombianas se dan ciertas transformaciones de los sujetos. Cualquier persona se convierte en “doctor” o “doctora por el simple hecho de haber sido nombrado para ocupar un cargo administrativo, aunque jamás haya cursado estudios de doctorado.

 

Parece ser que el término doctor en nuestro país se utiliza a menudo como una forma de halagar a un funcionario administrativo. En cierta universidad trabajaba un profesor que hacía lo mismo que hacían los demás profesores: preparar sus clases, dictar sus clases, evaluar a sus alumnos, asistir a reuniones, etc. En una coyuntura política de esa institución, el nombre de dicho profesor, muy en secreto, fue considerado para ocupar, en calidad de encargado, la posición de decano de una facultad. La noticia se filtró y, antes de haber sido nombrado, en los pasillos ya no se le saludaba con el casi indiferente “profe” o “profesor” sino como “doctor Mengano” con sonrisa y venia incluida. Este uso del término doctor está alejado de su verdadera dimensión de desarrollo académico y científico de un profesional.

 

En Colombia, legalmente existe plena conciencia del significado de doctor. En el decreto 1279 de Junio 19 de 2002, “Por el cual se establece el régimen salarial y prestacional de los docentes de las Universidades Estatales”, en su artículo No. 7, se establece para efectos salariales la siguiente jerarquía de títulos de postgrado: Especializaciones, Maestrías y Doctorados. Por cada título de postgrado se le asigna al profesional un determinado puntaje que impacta positivamente el salario mensual devengado.

 

Entre todos los títulos de postgrado, el  de doctor es el de mayor jerarquía y prestigio por varias razones. El doctorado es el postgrado de mayor exigencia académico-científica y de mayor duración. Solo los profesionales que tienen vocación y competencias para la investigación y la escritura llegan a ostentar un título de doctor. Cursar un doctorado toma entre tres y cuatro años. Es, además, el postgrado que más cuesta. Por estas razones existen muy pocos doctores en nuestro país. Desde lo económico, tenemos que el decreto 1279 establece que “Por título de PhD o Doctorado equivalente se asignan hasta ochenta (80) puntos.” Si multiplicamos los 80 puntos por el valor del punto salarial para el año de 2007, 8.022 pesos, encontramos que tener un titulo de doctor produce un incremento salarial de 641.760 pesos mensuales. Compárese este valor con el obtenido por los especialistas. Por un título de especialista se obtienen 20 puntos, los cuales producen al mes 160.440 pesos. La diferencia entre un especialista y un doctor es notoria a todo nivel.

 

Por todo lo anterior, para ser precisos es mejor referirse, en forma oral o escrita, a los profesionales, tengan cargos administrativos o no, con  el respectivo título que ostentan: “ingeniera Fulana”, “contador Sutano”, “psicólogo Mengano”, etc. O “doctor”, siempre y cuando esa persona se haya graduado como doctor (lo curioso es que a los verdaderos doctores, por humildad, no les gusta que les digan “doctor”). Recuerde, si usted es de las personas que a menudo utilizan la palabra “doctor” para dirigirse a una autoridad administrativa o académica, tenga cuidado. Podría estar mintiendo.

Junio 11, 2007

El LENGUAJE COMO ESENCIA DEL HOMBRE

Por: Orlando Cárcamo Berrío

El ser humano es tan complejo en su constitución fisiológica, espiritual y social que nos hace pensar y suponer un origen distinto al de la simple evolución del mono en hombre, en su creación por parte de una inteligencia suprema, una creación divina. Solo un ser perfecto podría pensar crear otro con toda la coherencia y las posibilidades también de llegar a ser perfecto a través de un instrumento excelso de la inteligencia: el lenguaje.

 

Hablar del hombre como creación, es hablar de lenguaje, de comunicación. El hombre se define como tal a través del maravilloso instrumento del lenguaje. Sin ser exagerado, el hombre es puro lenguaje. Quitémosle la capacidad innata de la comunicación a través de códigos y solo nos queda un ser con apenas posibilidades instintivas y limitadas de comunicación; un ser sin pensamiento: un animal.

 

Es que todo en el hombre es lenguaje. Desde el momento mismo de la concepción ya somos por el lenguaje. Entre el óvulo y el espermatozoide existe un cruce de información genética (comunicación)  que configura al nuevo ser humano. Esta comunicación intergenética es tan sorprendente que ya los científicos están interviniendo esta comunicación para crear seres humanos  más sanos o definir características físicas futuras.

 

Es más, al interior del hombre, en su constitución celular y nerviosa, subyace una compleja red de comunicación a través de códigos que los científicos tratan de comprender para ayudar a preservar la vida. Al interior  de la mente humana existe un metalenguaje, un código interno de comunicación que no alcanzamos a descifrar algo así como el código de unos y ceros que subyace internamente en el cerebro o procesador del computador. He aquí entonces por qué se puede hablar de universales lingüísticos.

 

En conclusión, el hombre es un ser de lenguaje. El gran reto del hombre hacia el futuro está en el lenguaje. Si el hombre pudiera descubrir los códigos que posibilitan esta compleja red de información que subyace dentro de sí, podría incluso pensarse en la posibilidad de perpetuar la vida pensante.