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DE LA ESCUELA PRESENCIAL A LA ESCUELA VIRTUAL

En el contexto educativo colombiano se maneja el concepto de educación tradicional para significar un estado actual de los procesos educativos en su práctica presencial. La práctica educativa en este contexto revela que la educación es entendida como la transmisión de saberes de un sujeto llamado maestro, el cual representa unos saberes recomendados por los planes de educación del estado, a unos objetos llamados estudiantes. El estudiante tiene un papel de simple receptor de información que el maestro lleva a clases. Estos son los roles reales actuales del profesor y los estudiantes en más o menos la mayoría de las instituciones públicas de Colombia aun cuando los documentos y la legislación educativa del estado muestren un pensamiento más avanzado. Son roles que han pasado de generación en generación, en un practicismo que ya ha olvidado sus posibles bases teóricas.

En el presente ensayo tenemos como propósito reflexionar sobre los aspectos centrales de las modalidades de educación presencial, a distancia y virtual. Antes de entrar a la comparación de estas tres modalidades, es necesario realizar una reflexión en torno a la educación en nuestro contexto educativo colombiano y preguntarnos por qué y para qué educar. Las respuestas a estas preguntas orientarán mejor la reflexión crítica respecto de las características de los métodos de educación anteriormente nombrados.

Actualmente, la discusión sobre la relación filosofía y educación nos da nuevas luces sobre el qué de la educación y su propósito. La teoría de la acción comunicativa provee un visión más completa y actual de lo que debe ser la educación: “La educación desde la perspectiva de la acción comunicativa debe entenderse como un proceso de interacción y comunicación entre sujetos que poseedores de un acervo cultural buscan ser reconocidos como tales” (Roa Varelo: 1993, 27). Esta visión indica un cambio de roles en el proceso educativo ya que sugiere un rol activo del estudiante como sujeto que a través de la interacción comunicativa se interestructura con el maestro. Sugiere también el planteamiento anterior que el maestro debe abandonar o moderar el predominio de la acción teleológica de las relaciones actor-mundo, ya que ésta por ser una acción instrumental o estratégica por finalidad hace que el docente vea a los estudiantes como objetos de manipulación sin intervención directa en la configuración del proceso. En síntesis, la educación debe entenderse como un proceso de interestructuración entre sujetos, un proceso no tanto de enseñanza-aprendizaje sino más bien de aprendizaje-aprendizaje, como sugiere Roa (1993: 26): “el planteamiento de la acción comunicativa defiende la idea de que el aprendizaje mismo no pertenece 'ni a nosotros ni a ellos'; ambas partes se ven incursas en él de forma similar”.

Planteado un concepto de educación, conviene ahora preguntarse por qué educar. La respuesta a la pregunta, ¿Por qué educar?, depende de la posición política o teórica que se asuma. El filosofo norteamericano Richard Rorty sugiere que la razón para educar radica en la transformación del hombre a ser humano a través del proceso de la socialización (Rorty, 1989: 45). En este proceso, el sujeto adquiere los valores, historia y conocimientos de la generación o generaciones que le anteceden; proceso necesario para la supervivencia de la cultura o civilización. En este sentido Rorty comparte los planteamiento de Durkheim sobre la educación como proceso de socialización. Sin embargo, lo interesante de Rorty es que dirige la atención hacia un proceso posterior a la socialización, proceso que él llama “autoindividualización” en el cual el ser humano se rebela contra el proceso de socialización y logra ser una persona autónoma que descubre su individualidad y asume posiciones críticas contra el legado cultural y científico que le suministra la educación.

En cuanto a la pregunta para qué educar, conviene aquí retomar los postulados del filósofo alemán Emmanuel Kant. En la línea de pensamiento de este pensador, se educa para hacer que el hombre se sirva de forma independiente de su propia inteligencia. Se debe educar para hacer hombres libres o autónomos que se sirvan de su propia razón: “¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!: he aquí el lema de la ilustración” (Kant, 1978: 25). Este sentido de la educación que aparece en Kant es compartido por Rorty (1989: 45) sobre todo en el proceso de “autoindividualización” que éste plantea como propio de la educación superior; proceso en el que el hombre se libera de “su merecida tutela”. Naturalmente es cierto que este proceso se sugiere para una etapa de la vida superior al proceso de socialización que se presenta en la niñez –un niño necesita de la tutela u orientación de un adulto- pero el proceso educativo en su totalidad debería de prever, en su conceptualización, esta última etapa descrita por Rorty.

Veamos ahora los aspectos fundamentales de la educación presencial para luego contrastarlos con los de la educación a distancia y la educación virtual y establecer las relaciones con el para qué educar tratado arriba. Una de las principales características de la educación presencia es la sincronía. Los estudiantes interactúan en tiempo real con su profesor o profesora. Este aspecto se refleja en la obligatoriedad de asistir a las sesiones a la hora exacta y salir a la hora indicada, siempre en días laborales y en horarios también laborales. En el reglamento estudiantil, además, figura un articulado en donde se penaliza la inasistencia con la pérdida de la asignatura: Otro aspecto de la educación presencial es la obligatoriedad de compartir el mismo espacio. El espacio ideal es el salón de clases, los estudiantes sentados en sus pupitres prestando atención y el profesor dirigiendo la sesión. Además de lo anterior, los tiempos manejados en la educación presencial son más extensos y siempre controlados por los profesores quienes distribuyen cuidadosamente los contenidos para cumplir, por ejemplo con las 64 horas semestrales.

En contraste con la educación presencial, la educación a distancia flexibiliza enormemente el proceso educativo, principalmente en el manejo del tiempo. Aunque también se maneja la interacción sincrónica, ésta se da en menor grado que en la presencial. En esta modalidad generalmente se escogen los fines de semana para desarrollar la interacción profesor-alumno. Este hecho facilita el acceso de una población que por motivos de trabajo no puede asistir diariamente al salón de clases. Esta es una modalidad de educación altamanente organizada, todas las acciones están preparadas en el papel y el estudiante recibe por escrito todo su derrotero, con fechas y actividades. En cuanto a los materiales de lectura, éstos son preparados cuidadosamente y proveídos a los estudiantes al inicio de los cursos, materiales que con frecuencia son los únicos que se trabajan.

Hasta el momento, podemos notar que la educación presencial comparte con la educación a distancia básicamente las mismas variables con diferencias de matices. Aunque la sincronía está presente en ambas modalidades, en la educación a distancia ésta es menor que en la presencial. La asincronía en las relaciones profesor-alumno cobra mayor fuerza en la educación a distancia puesto que los estudiantes deben organizarse según sus conveniencias y disposición de tiempo. En cuanto a la territorialidad o manejo del espacio, vemos que en ambas modalidades se maneja un territorio común controlado por la institución educativa, aunque en la educación a distancia la presencia en este territorio de la escuela es menor. Con respecto a los campos del conocimiento, me atrevo a decir que no todos se adaptan al modelo a distancia. Existen campos del conocimiento en donde se requiere una altísima interacción entre profesores y alumnos en razón de la rigurosidad de los procesos implicados. Por ejemplo, no se conocen programas de medicina a distancia o de odontología. Parece que el modelo de educación a distancia se adapta más a las humanidades.

Examinemos ahora la llamada educación virtual, tal vez llamada así por los medios empleados para acceder al conocimiento y para interactuar socialmente con los participantes que pueden estar a distancia considerable. “Educación virtual” no implica educación irreal. Aunque se le llame virtual el efecto final del proceso suele ser el mismo que el logrado en la educación presencial o “real”. Existen muchas definiciones de educación virtual. Lara (2002), afirma que la Educación Virtual es "la modalidad educativa que eleva la calidad de la enseñanza aprendizaje... que respeta su flexibilidad o disponibilidad (en cualquier momento, tiempo y espacio). Alcanza su apogeo con la tecnología hasta integrar los tres métodos: asincrónica, sincrónica y autoformación". Más que el adjetivo “virtual”, lo que mejor define a este tipo de educación es la integración de los métodos asincrónicos, sincrónicos y autoformativos. La educación vitual se posibilita gracias a la integración de las nuevas tecnología de la información y la comunicación, las cuales permiten la interacción entre tutores y alumnos en forma sincrónica ( a través del Chat o conversación oral en línea), asincrónica (a través de foros virtuales, correo electrónico); el estudiante se vuelve totalmente autónomo en el manejo de su tiempo de acuerdo con su disponibilidad. También posibilita la desterritorialización en el sentido en qué no se necesita asistir a determinado lugar para tener contacto con el tutor. Desde cualquier ordenador o computadora con acceso a Internet, en cualquier lugar del mundo, se puede tener contacto con materiales de lectura, con el tutor o compañeros. En este sentido, la educación virtual tiene sobradas ventajas en comparación con las anteriores modalidades. En relación con la discusión teórica planteada al comienzo de este ensayo, podemos decir que la educación virtual es el espacio ideal para que se presente el propósito ideal de la educación plateado por Kant en el contexto de la Ilustración: educar para hacer hombres autónomos que se sirvan de su propia razón. También posibilita la educación virtual el proceso de autoindividualización que plantea Richard Rorty, en dode el hombre se libera de “su merecida tutela”.

Sin embargo, no todo es ventajoso en la educación virtual. Existen problemas o desventajas relacionadas precisamente con los elementos técnicos que la hacen posible. Miremos algunas desventajas. La tentación de los hipervínculos puede llevar al estudiante a perderse el mar de información que es la Internet y perder tiempo valioso que podría dedicar a su estudio. En los lugares remotos en donde realmente se hace necesaria la educación virtual, el acceso a Internet es deficiente, muy lento y las desconexiones son frecuentes. Tener una computadora a disposición requiere una inversión costosa y muchos alumnos dependen del préstamo de computadoras de instituciones, hecho que limita a los alumnos en el uso de su tiempo.

Llegados a este punto debemos reconocer que lo que se configura en el campo de la reflexión teórica es un poco más difícil de llevar a la práctica educativa porque en ella se encuentran presentes una serie de mediaciones las cuales casi dan al traste con los intentos de cambio de los educadores más interesados en la innovación de sus prácticas. Una mediación muy fuerte son los esquemas mentales que los estudiantes han desarrollado en su experiencia educativa los cuales casi impiden que el alumno se adapte a nuevas formas de abordar el proceso educativo, como la educación virtual. Contrario a lo que pudiera parecer desde la teoría, los estudiantes parecen ser felices en su rol de objetos bajo una acción instrumental del maestro en la cual ellos obedecen y captan la información suministrada por el profesor sin someterla a la menor duda o crítica. En mi experiencia como profesor de jóvenes adultos, he tenido problemas cuando he querido desarrollar clases en las que los estudiantes interactúen y tengan cierta autonomía en el manejo de los temas. Generalmente no les gusta leer, no sienten entusiasmo por la búsqueda del conocimiento. He aquí quizá el mayor escollo para la educación virtual: es una modalidad que funciona totalmente a través de la lectura. Nuestros alumnos no están preparados para esta modalidad porque no les gusta leer. Se sienten mal y quisieran que el profesor les dictara todo el tiempo. Pareciera que el facilismo es la moda en estos tiempos.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

A. Eliseo Tintaya. Desafíos y fundamentos de educación virtual. Universidad Mayor de San Andrés – Ciencias de la Educación – Bolivia. http://www.monografias.com/trabajos13/educvirt/educvirt.shtml#INTRO. Visita: 2004-10-

BENÍTEZ GARCÍA, Ramón. La virtualización educativa. [on line]. Noviembre, 2000. [citado dic., 2004]. Disponible en:

Educación virtual, una alternativa de educación. [on line] Octubre de 2004 [citado dic., 2004]. Disponible en http://www.unisinu.edu.co/Enlaces/EducacionVirtual/EduVirtual.htm

Kant, M. ¿Qué es la ilustración? Tomado de filosofía de la historia. Fondo de cultura Económica. México, 1978.

Lara, Luís. Análisis de los recursos interactivos en las aulas virtuales. Buenos Aires: 2002.

Rorty, Richard. Educación sin dogma. Revista Facetas. Vol. 2, No. 88. 1990. Págs. 44-47.

Roa, Alberto. La teoría de la acción comunicativa y las nuevas relaciones entre filosofía y educación. Revista Huellas. No. 38. Universidad del Norte, Barranquilla. 1993. Págs. 21-29.

Roa, Alberto. Los sofistas y la paideia griega. Reflexiones sobre su vigencia. Revista Huellas. No. 56-57. Universidad de Norte, Barranquilla. 200. Págs. 53-61.

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