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Septiembre 16, 2007

PANICO A MEDIA NOCHE: CUANDO WINDOWS XP NO ARRANCA

 Por: Orlando Cárcamo B.

El problema se me presentó a la media noche. Llegué a casa tarde, cansado, después de conducir a baja velocidad durante varias horas bajo una intensa lluvia. Antes de acostarme, quise saber si alguien me había escrito durante los dos días que había estado por fuera.


Como de costumbre, prendí mi ordenador  y mientras el sistema operativo cargaba me dispuse a organizar algunas cosas que había traído del viaje. Cuando regresé a anotar la contraseña de mi escritorio, casi me desmayo. Ví esa terrible pantalla negra con letras blancas en donde se nos reporta que pudo haber un daño con Windows y se nos dan varias opciones para intentar iniciar el sistema operativo. Las probé todas, una por una: iniciar Windows normalmente, modo seguro a prueba de errores, última configuración que funcionó, modo a prueba de errores, modo a prueba de errores con símbolo del sistema. Los resultados eran frustrantes. En cada una de esas opciones, el sistema trababa de iniciarse pero luego de salir el logo de Windows XP, volvía a esa odiosa pantalla negra. ¿Qué hacer Dios mío? ¿Por qué me pasa esto a mí?

 
La razón para la situación problemática tuvo origen en un cierre no apropiado del sistema. Antes de salir de viaje estaba haciendo algo en mi ordenador y cuando llegó mi amigo Luisfe a buscarme, el sistema demoró mucho para cerrarse y yo tenía que bajar rápidamente pues la hora de partida estaba retrasada y debía bajar once pisos pues en el momento no teníamos ascensor. En consecuencia, tuve que apagar abruptamente el ordenador desde el interruptor del regulador de voltaje y bajar a toda prisa.

 
Yo sentía la necesidad de arreglar el problema esa misma noche puesto que al día siguiente tenía un intenso día de trabajo: mantenimiento de mi plataforma educativa, impresión de listados, diseño de talleres para la próxima semana, revisión de prueba de una publicación de una amiga, entre otros. ¿Qué hacer entonces? Tomé el disco original de Windows XP, lo introduje en el ordenador con la intención de reparar el daño, sin mucha fe dado que en otras oportunidades la opción de recuperación de Windows se había mostrado extremadamente ineficiente. Este momento no fue la excepción. La opción de recuperar no hizo nada ni me indicaba nada qué hacer excepto que escribiera EXIT para salir de la “bandeja de recuperación”. Escribía esa palabra y nada, el sistema se regresaba al pantallazo inicial. Probaba el inicio de manera normal y nada, nada se había arreglado. No me acuesto a dormir si no arreglo este problema, me decía a mi mismo. El nivel de angustia aumentaba. Si llamaba a un técnico al día siguiente, eso significaba perder tiempo y dinero por el pago del servicio si era que me atendía un día domingo. ¿Qué hago? ¿Qué hago? Con la mirada fija en esa odiosa pantalla negra en donde se me daban opciones inútiles, me transporté al año de 1991, cuando recibí mis primeras clases sobre el manejo del DOS (“De o ese”, como le llamábamos al sistema operativo en esa época). Recordé que los problemas de inicio del sistema los reparábamos con el comando chkdsk, equivalente a “check disk”. Entonces, en vez de anotar EXIT para salir de la bandeja de recuperación, digité “chkdsk” y el milagro ocurrió lentamente. Chkdsk hizo una inspección completa del disco, detectó un error y lo corrigió. Seguidamente y con un sentido alivio a la angustia inicial, digité EXIT y salí de la bandeja de recuperación. Intenté, con cierta sensación de alegría, iniciar mi ordenador normalmente y… funcionó ¡Funcionó! ¡Qué alegría! ¡Funcionó! Y lo mejor de todo es que ningún programa sufrió daños. Todas las aplicaciones de Internet quedaron trabajando bien, sin problemas.

Bueno, seguidamente, como había cumplido con mi palabra de no dormir hasta tanto arreglara la falla de inicio del sistema, me dispuse a dormir plácido y feliz, abrigado por la frescura que había traído la larga lluvia de la noche.